Las protestas estudiantiles contra Rafael Rey y Juan Luis Cipriani a propósito de los intereses del Arzobispado por tomar control de la dirección de la PUCP y, más en el fondo, del Opus Dei, por eliminar sistemáticamente todo tipo de pensamiento crítico; levantaron entre muchas de sus banderas, la de la defensa de la pluralidad. Es un tema harto importante y quisiera dedicarle algunas reflexiones.
No buscaré responder qué es lo plural en términos académicos ni mucho menos de un modo filosófico. Me interesa dar cuenta, más bien, de lo que queríamos decir los estudiantes que acudimos a estas marchas cuando gritamos a todo pulmón que queríamos y valorábamos una universidad plural. Estoy seguro de que no equivoco al decir que, más allá de las carreras que estuviéramos estudiando y en los ciclos en los que nos halláramos, teníamos claro que hablar de pluralidad es hablar de libertades, es hablar de diversidad de pensamiento, de credo, de opinión, del poder organizarse y expresarse, vestirse como se quiera, leer sin que nos veten autores, conocer el mundo sin el filtro de algún padre protector que más podría entendérsele como dominador.
Pero se trataba de intuiciones; compartidas y poderosas, conglomerantes; pero intuiciones al fin y al cabo. Y es que hay un problema que atraviesa a esta idea de la pluralidad cuando ésta no se encuentra definida: ¿es que lo plural abarca todo? A rajatabla, sí, lo diverso implica todo. ¿Pero debemos aceptar que lo plural abarque a lo no plural? ¿Será válido darle cabida a un pensamiento nazi, por ejemplo; o a corrientes de pensamiento excluyentes que dinamiten las libertades? Yo creo que eso sería un exceso. Lo plural entendido como modo de vida de un grupo, debe implicar límites. A la pluralidad debe tomársela como una postura, como un contrato social básico de todas las posturas. No es otra cosa que la noción misma de democracia. En primera instancia uno es libre de muchas cosas pero no de las que atenten aquella idea común que nos permite pensar en aquellas libertades.
Si estamos de acuerdo en defender la pluralidad, debemos tener en cuenta que esa es una postura que tendrá que cerrar filas contra la intolerancia.
Omar Cavero Cornejo
Estudiante de Sociología
9/5/7
No buscaré responder qué es lo plural en términos académicos ni mucho menos de un modo filosófico. Me interesa dar cuenta, más bien, de lo que queríamos decir los estudiantes que acudimos a estas marchas cuando gritamos a todo pulmón que queríamos y valorábamos una universidad plural. Estoy seguro de que no equivoco al decir que, más allá de las carreras que estuviéramos estudiando y en los ciclos en los que nos halláramos, teníamos claro que hablar de pluralidad es hablar de libertades, es hablar de diversidad de pensamiento, de credo, de opinión, del poder organizarse y expresarse, vestirse como se quiera, leer sin que nos veten autores, conocer el mundo sin el filtro de algún padre protector que más podría entendérsele como dominador.
Pero se trataba de intuiciones; compartidas y poderosas, conglomerantes; pero intuiciones al fin y al cabo. Y es que hay un problema que atraviesa a esta idea de la pluralidad cuando ésta no se encuentra definida: ¿es que lo plural abarca todo? A rajatabla, sí, lo diverso implica todo. ¿Pero debemos aceptar que lo plural abarque a lo no plural? ¿Será válido darle cabida a un pensamiento nazi, por ejemplo; o a corrientes de pensamiento excluyentes que dinamiten las libertades? Yo creo que eso sería un exceso. Lo plural entendido como modo de vida de un grupo, debe implicar límites. A la pluralidad debe tomársela como una postura, como un contrato social básico de todas las posturas. No es otra cosa que la noción misma de democracia. En primera instancia uno es libre de muchas cosas pero no de las que atenten aquella idea común que nos permite pensar en aquellas libertades.
Si estamos de acuerdo en defender la pluralidad, debemos tener en cuenta que esa es una postura que tendrá que cerrar filas contra la intolerancia.
Omar Cavero Cornejo
Estudiante de Sociología
9/5/7
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